Chipre ha dado un paso significativo hacia la seguridad hídrica al aprobar una planta móvil desalinizadora en Mazotos, con una inversión de 85 millones de euros. La Autoridad de Medio Ambiente ha dado luz verde al proyecto, que se espera que inicie su construcción en junio de 2026. Esta iniciativa llega en un momento crucial, ya que los embalses de la isla solo operan al 32,7 % de su capacidad, a pesar de haber experimentado uno de los meses de marzo más lluviosos en décadas. La estrategia del gobierno es clara: reducir la dependencia del agua de lluvia y garantizar un suministro constante de agua potable para la población.
El proyecto de desalinización es parte de un programa nacional más amplio que busca transformar la gestión del agua en Chipre. Aproximadamente aprobado por el Consejo de Ministros en noviembre de 2024, este programa establece que los embalses de la isla se destinarán exclusivamente a actividades agrícolas. Además de la planta de Mazotos, que se espera esté operativa en diciembre de 2026, se contempla la construcción de cuatro instalaciones permanentes que estarán integradas con fuentes de energía renovables, completamente finalizadas en 2029, a través del Departamento de Desarrollo Hídrico.
La planta de Mazotos ha sido clasificada como una prioridad nacional urgente. Se prevé que, en su primera fase, producirá 20,000 metros cúbicos de agua potable al día, con opciones de expansión que permitirían alcanzar hasta 40,000 metros cúbicos. Para acelerar el proceso, se ha promulgado un decreto especial del Gabinete que omite los procedimientos de planificación habituales, lo que acelera notablemente la capacidad de respuesta ante la crisis de abastecimiento hídrico.
La selección del emplazamiento en Mazotos no fue casual; la Autoridad Ambiental evaluó previamente cuatro posibles ubicaciones. Softades y Maroni fueron desechadas por razones de seguridad nacional, ya que están dentro de una zona de exclusión militar. Psematismenos fue descartada debido a restricciones ambientales. Finalmente, Mazotos se consideró la mejor opción por su lecho marino arenoso que minimiza el riesgo ecológico en el proceso de descarga de agua salina.
El Ministerio de Defensa ha dado su consentimiento al proyecto, imponiendo ciertas condiciones, como la renuncia de los operadores a cualquier futura objeción respecto al cercano campo de tiro de Kition. La planta hará uso de tecnología avanzada de ósmosis inversa y será monitorizada mediante un sistema SCADA automatizado. La autorización ambiental se basa en un estudio profundo sobre el impacto ecológico y de la dispersión de salmuera, asegurando que el escenario de operación se mantenga en un 50% de recuperación en condiciones adversas. La vida útil de la planta está estimada en siete años, lo que subraya la necesidad de soluciones sostenibles para la crisis del agua en Chipre.






