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Gestión de riesgos: ¿Por qué es crucial fuera de la minería?

El accidente de un camión de Gasco en la comuna de Renca, que ocurrió hace un mes, ha encendido las alarmas sobre la gestión del riesgo en las operaciones urbanas en Chile. Este incidente no solo puso de manifiesto las fallas en los protocolos de seguridad, sino que también reveló una preocupación más profunda: aunque el país tiene experiencia en la gestión de riesgos extremos, esta no siempre se aplica de manera adecuada en entornos urbanos. Contrario a lo que ocurre en la industria minera, donde el transporte de sustancias peligrosas se realiza con rigurosos estándares de control, en las ciudades la falta de cumplimiento con estas normas es evidente y pone en peligro la seguridad pública.

La industria minera destaca por su esfuerzo prolongado en la aplicación de protocolos de seguridad que, a pesar de las difíciles condiciones en las que operan, logran mantener la probabilidad de accidentes en niveles bajos. Caminos de tierra, pendientes pronunciadas y el constante riesgo de derrumbes son parte del día a día en este sector. Sin embargo, la rigurosidad de los controles y la formación especializada del personal permiten que la ocurrencia de un accidente grave sea poco probable. Este contraste pone de relieve una realidad inquietante: en el ámbito urbano, donde las condiciones son más manejables, la falta de una cultura de prevención de riesgos puede resultar en consecuencias devastadoras.

Los protocolos de seguridad que podrían evitar tragedias como la de Renca no son desconocidos en el mercado. Las normas establecen la necesidad de una inspección exhaustiva antes de operar, la revisión de documentación, y una planificación detallada de rutas para el transporte de materiales peligrosos. La conducción debería estar a cargo de personal altamente capacitado y certificado, además de contar con escoltas capaces de reaccionar ante emergencias. Sin embargo, la presión por la eficiencia y la reducción de costos en entornos urbanos a menudo socavan la implementación de estas medidas, priorizando la rapidez sobre la seguridad.

Un aspecto crucial en la gestión del riesgo es la formación del personal. Asegurar que las tareas críticas sean ejecutadas por individuos competentes, con el conocimiento y habilidades adecuadas, puede disminuir significativamente las posibilidades de errores humanos. La capacitación continua y la adaptación a nuevas tecnologías no solo mejoran las destrezas del trabajador, sino que también fomentan un ambiente de trabajo donde la seguridad es prioritaria. De esta manera, se crea una cultura dentro de las organizaciones que valora la protección de la vida y del medio ambiente por encima de las metas productivas.

El desafío para Chile radica en tomar decisiones que permitan la aplicación consistente de estas prácticas de seguridad en entornos urbanos, tal como se hace en la minería. No se trata de buscar soluciones innovadoras, sino más bien de implementar las que ya están disponibles y probar su eficacia. La protección de la vida y la salud debe convertirse en una obligación, de tal forma que detener una operación que represente un riesgo ya no sea visto como una pérdida, sino como una responsabilidad absoluta. La clave está en promover una cultura de seguridad sólida que trascienda los límites sectoriales y se convierta en un estándar que salve vidas.

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