En el marco de la discusión del proyecto de ley en actual tramitación, surge un debate crucial sobre la propuesta de eliminar la progresividad de la patente minera. Este aspecto del proyecto exige una diferenciación clara entre encarecer la tenencia de una concesión y fomentar su desarrollo. En este sentido, se reconoce que una patente elevada puede actuar como un incentivo para la exploración al permitir que los concesionarios identifiquen terrenos sin interés y puedan devolverlos antes del siguiente pago, evitando así el estancamiento de recursos en áreas no productivas.
Sin embargo, el mismo mecanismo que busca desalentar la inactividad también puede resultar en la inviabilidad de proyectos que, de otro modo, habrían sido beneficiosos si se les hubiera permitido explorar sin una carga financiera excesiva. Por lo tanto, la discusión debe centrarse en cómo equilibrar el cobro de la patente con incentivos adecuados para la inversión. En este contexto, la eliminación de la progresividad no implica necesariamente una apertura al acaparamiento de concesiones; se pueden establecer sistemas que favorezcan a quienes demuestren un trabajo efectivo en sus terrenos.
Ante esta necesidad, el proyecto del Ejecutivo propone un modelo en el que las patentes son relativamente bajas para aquellos que pueden demostrar actividades exploratorias válidas. Además, esta propuesta contempla una diferencia significativa en los pagos para quienes no realizan trabajo efectivo. Así, se alienta a la exploración sin que necesariamente se impongan aumentos automáticos a lo largo del tiempo, garantizando que el proceso de exploración en el sector minero esté alineado con la eficiencia y el aprovechamiento de los recursos.
La exploración no solo se trata de encontrar yacimientos; también implica descartar terrenos que no poseen potencial, lo que en sí mismo añade valor al sector al optimizar la asignación de inversiones. Este enfoque, sin embargo, exige que el trabajo sea verificable y que, ante todo, los resultados sean tangibles. Exigir resultados positivos a toda costa podría llevar a un malentendido profundo sobre la naturaleza incierta de la minería, donde el rechazo de áreas potencialmente improductivas es parte del proceso.
La preocupación por el acaparamiento no debe ser subestimada, pero es esencial recordar que liberar concesiones no garantiza que otros operadores estarán dispuestos a desarrollarlas. Igualmente, el hecho de que una concesión no produzca no siempre es un indicativo de acaparamiento, especialmente en el contexto de la minería no metálica. La evaluación del éxito de esta reforma debe basarse en los beneficios que genere para Chile, considerando los costos asociados a su implementación y verificación. En resumen, buscando simplificar y mantener incentivos efectivos al trabajo, se puede lograr una minería más próspera y sostenible.






