La producción mundial de pesca y acuicultura ha alcanzado un récord histórico en 2024, registrando 235 millones de toneladas, y refuerza su papel esencial en la seguridad alimentaria global. De acuerdo con la perspectiva de destacados académicos como el Dr. Francisco Bravo y la Dra. Brigitte Leal, este crecimiento no solo representa una oportunidad económica, sino también un reto significativo en términos ambientales y de gobernanza. La acuicultura, que ha superado por primera vez a la pesca de captura al llegar a 103 millones de toneladas, ahora proporciona más de la mitad de los productos acuáticos disponibles. Sin embargo, esta expansión debe ser abordada con responsabilidad, estableciendo límites claros y sostenibles para asegurar que la producción no comprometa los ecosistemas marinos.
Uno de los temas cruciales destacados por el reciente informe de la FAO es la necesidad de definir la capacidad de carga ambiental en Chile, un país que se ha posicionado como líder en el sector acuícola. La aceptación social y las implicancias sanitarias son factores que deben ser considerados seriamente. La creciente presión sobre las áreas costeras plantea preguntas sobre la competencia y los posibles conflictos en el uso del espacio, lo cual exige un enfoque integral y regulado que garantice la sostenibilidad de la acuicultura. Las políticas y regulaciones en este sentido serán determinantes para que Chile continúe siendo un actor relevante en la seguridad alimentaria internacional.
El estado de las pesquerías extractivas también se presenta como un tema de urgente atención. Aunque la captura global se ha mantenido estable, la calidad y sostenibilidad de las poblaciones de peces es alarmante. La dra. Leal subraya que el 46% de las pesquerías en Chile están sobreexplotadas o agotadas, lo que exige una gobernanza pesquera más efectiva y fundamentada en la evidencia científica. Esto incluye la implementación de medidas de monitoreo, la fijación de cuotas basadas en datos reales y un compromiso serio contra la pesca ilegal. En este contexto, el reconocimiento de prácticas de gobernanza precautoria se vuelve esencial para revertir la degradación de los recursos marinos.
Frente a la transformadora amenaza del cambio climático, la diversificación en la producción de alimentos acuáticos es imperativa para América Latina y el Caribe. A pesar de ser una región con grandes capacidades exportadoras, la disponibilidad interna de alimentos acuáticos se mantiene baja, con un promedio de solo 10,1 kg por persona. Bravo y Leal enfatizan la necesidad de fortalecer las cadenas de valor locales y mejorar el acceso a alimentos saludables y nutritivos. Invertir en la diversificación productiva no solo ayudará a abordar los problemas de seguridad alimentaria, sino que también permitirá a la región adaptarse a los desafíos del cambio climático, asegurando un futuro más resiliente.
Por último, la planificación espacial marina y la coalición entre sectores público y privado serán claves para abordar estas problemáticas. Los avances en regulaciones y estudios científicos deben estar acompañados de un marco participativo que incluya a todas las partes interesadas. La producción acuícola, esencial para la economía de Chile, requiere un enfoque que contemple límites ecológicos claros y una gestión colaborativa. Dada su influencia en la producción alimentaria global, la capacidad de Chile para cumplir con estos estándares no solo determinará su éxito económico, sino también su papel en la promoción de prácticas de sostenibilidad en el ámbito acuático.






