A fines de marzo, un juicio en EE.UU. dio un giro inesperado en la discusión sobre la seguridad e impacto de las redes sociales en la juventud. El jurado decidió que Meta y Google son responsables de diseñar plataformas que fomentan la adicción entre niños y adolescentes, a raíz de la demanda de una joven que sufrió consecuencias severas en su salud mental debido a su adicción a estas redes. La resolución del tribunal, que implica el pago de 6 millones de dólares como compensación a la demandante, ha generado un amplio debate sobre la ética de los algoritmos de estas empresas y su función en la vida diaria de los jóvenes.
Inesmar Briceño, directora de Ingeniería en Computación e Informática de la Universidad Andrés Bello, explica que el fallo judicial revela la realidad detrás del funcionamiento de los algoritmos de las plataformas digitales. Según Briceño, estos algoritmos no son neutrales, sino que están diseñados para maximizar el engagement, es decir, la interacción y el tiempo que los usuarios pasan en la plataforma. Este enfoque convierte a las redes sociales en sistemas que priorizan la retención de usuarios sobre su bienestar, poniendo en cuestión la narrativa de que las redes son simplemente reflejos de nuestras preferencias.
La especialista destaca que los algoritmos de estas plataformas utilizan técnicas avanzadas de aprendizaje automático para adaptarse a los comportamientos de los usuarios. Cada interacción, desde el tiempo que alguien pasa viendo un video hasta las reacciones que tiene a ciertos contenidos, es registrada y utilizada para optimizar la experiencia del usuario. Esto crea un ciclo de retroalimentación que hace que los usuarios sean cada vez más dependientes de estos sistemas, alimentando así una adicción que tiene efectos profundamente negativos en la salud mental de los más jóvenes.
Briceño también explica cómo el diseño persuasivo de las plataformas afecta la psicología del usuario. Utilizando tácticas como recompensas variables, que son similares al funcionamiento de las máquinas tragamonedas, las redes sociales generan anticipación y emoción, lo que incita al usuario a seguir deslizando el contenido. Este enfoque no solo atrae a los usuarios, sino que también explota vulnerabilidades humanas, como la búsqueda de aprobación social y la aversión al aburrimiento, creando un efecto adictivo peligroso que se sostiene en gran medida en el diseño de las plataformas.
Finalmente, Briceño compara el reciente fallo judicial con acciones históricas tomadas contra la industria tabacalera, sugiriendo que la responsabilidad sobre el daño provocado por la adicción a las redes sociales no debe recaer únicamente en el usuario. Las compañías tecnológicas, al diseñar productos que priorizan el engagement a expensas de la salud mental, deben asumir su parte de la responsabilidad. La experta enfatiza que el desafío radica en redefinir qué tipo de conductas deseamos optimizar en los algoritmos, invitando a una reflexión profunda sobre la ética en el diseño de tecnología y su impacto en la sociedad.






