Ubicada en el árido desierto de Atacama, a solo 90 kilómetros de la frontera argentina, la mina Escondida se erige como la mayor productora de cobre del mundo. Desde su apertura en 1991, su impacto en la economía chilena ha sido monumental, generando anualmente alrededor de 14,000 millones de dólares en exportaciones. La mina, operada en gran parte por la empresa australiana BHP, tiene planes de invertir 10,000 millones de dólares en la próxima década, fortaleciendo aún más su papel en la industria global del cobre. Con una producción que alcanzó 1.26 millones de toneladas en 2025, más del doble que la segunda mina líder en el mundo, Escondida se consolida como un referente clave en el sector.
Durante una reciente visita organizada por BHP, representantes de la compañía afirmaron que «la mina está viva», evidenciando la continua actividad a través del movimiento diario de toneladas de material, comparable en peso a 11 cerros San Cristóbal. Este esfuerzo no solo refleja la envergadura de la operación, sino que también destaca su influencia directa en la región de Antofagasta, donde las dinámicas económicas están marcadamente vinculadas a la minería. Desde 2019, Escondida ha implementado un Programa de Compra Local que favorece a pequeñas y medianas empresas chilenas, destacando la compra de bienes y servicios por un total de 5,427 millones de dólares, de los cuales el 95% proviene de proveedores nacionales.
A medida que la mina continúa su extracción, el desafío se presenta como un fenómeno natural: la calidad del mineral extraído tiende a disminuir con el tiempo. Para combatir esta situación, la inversión anunciada por BHP busca modernizar la infraestructura de Escondida mediante la construcción de una nueva planta concentradora, asegurando así que la producción se mantenga en niveles sostenibles en un futuro, especialmente ante la creciente necesidad global de cobre para tecnologías renovables y vehículos eléctricos. Paradójicamente, este nuevo plan no necesariamente implica la expansión de la mina, sino más bien una medida para garantizar su viabilidad frente a los exigentes costos de operación.
La sostenibilidad también es un eje central de las operaciones de Escondida. Desde el año 2021, la mina opera con un suministro de energía 100% renovable, lo que marca un hito en su compromiso ambiental. Además, la compañía ha adoptado un enfoque innovador al utilizar agua de mar desalinizada–que representa un alto costo–en lugar de depender de fuentes de agua subterránea. Esta transformación, impulsada por una inversión de 4,000 millones de dólares a lo largo de 15 años, ha permitido que Escondida se posicione como un modelo en el uso responsable de recursos hídricos en un entorno desértico.
Finalmente, el impacto social de Escondida se traduce en dinamismo económico tanto dentro como fuera de la mina. Actualmente, la operación da empleo a más de 10,000 trabajadores, un hecho que también favorece la inclusión, pues más del 45% de los puestos de liderazgo están ocupados por mujeres. El orgullo por este avance se refleja en la cultura organizacional de la mina, que promueve igualdad de género y proyectos inclusivos. En conjunto, estas iniciativas no solo fortalecen la estructura interna de la mina, sino que también contribuyen al desarrollo social y económico de la región, convirtiendo a Escondida en un pilar fundamental del desarrollo chileno.






