El reciente incendio en un tren del Metro de Santiago ha revelado no solo la efectividad de los equipos de emergencia en situaciones críticas, sino también ha reavivado el debate sobre la seguridad estructural de nuestras infraestructuras. A medida que se llevan a cabo las investigaciones para esclarecer las causas del siniestro, surge la necesidad de evaluar si nuestro sistema de transporte público está realmente preparado para resguardar a las personas en escenarios de alta concentración, donde la evacuación se torna compleja. Este incidente pone de manifiesto que la prevención de emergencias no es suficiente; también es fundamental que las instalaciones cuenten con mecanismos eficaces que permitan una respuesta adecuada cuando un incendio se presenta, lo cual puede ser vital para garantizar la seguridad de cientos de usuarios en peligro.
Durante años, la cuestión de la prevención de incendios se ha centrado predominantemente en el cumplimiento de normativas básicas de seguridad. Sin embargo, los expertos en gestión de riesgos destacan que la resiliencia de una obra comienza en su fase de diseño y se refuerza mediante la selección de materiales y tecnologías que sean capaces de operar efectivamente bajo condiciones extremas. En este sentido, el incidente en el metro pone de relieve la necesidad de repensar los estándares de seguridad y la manera en que se enfrentan las emergencias. Establecer un enfoque proactivo que priorice la seguridad pasiva podría ser determinante para minimizar las consecuencias en situaciones donde el tiempo juega un papel crucial.
Los incendios en espacios cerrados, como edificios públicos y sistemas de transporte, a menudo son causados por factores eléctricos, incluyendo sobrecargas y conexiones defectuosas. Por ello, no es solo relevante conocer las causas del fuego, sino también cómo se comportan las instalaciones durante los momentos críticos de evacuación. La introducción del concepto de seguridad pasiva en la ingeniería moderna busca abordar precisamente esta cuestión; se trata de implementar materiales que, sin detener el fuego, pueden limitar su propagación y ayudar a proteger a las personas y a los sistemas esenciales. En este contexto, el uso de conductores eléctricos diseñados para resistir incendios cobra una importancia significativa, como lo ilustra Gonzalo Ureta, gerente general de COVISA.
COVISA ha desarrollado NOFIRE, un sistema que responde a las exigencias de infraestructuras críticas al limitar la propagación de llamas y reducir la emisión de humo y gases tóxicos. Esta innovación es crucial en proyectos donde circulan miles de personas y cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte durante una evacuación. Los especialistas coinciden en que no se trata simplemente de adoptar nuevas tecnologías, sino de integrar cada elemento del diseño en una estrategia de gestión del riesgo. Decisiones bien fundamentadas en torno a soluciones certificadas y diseñadas para el control de incendios incrementan la resiliencia de nuestras infraestructuras.
A pesar de los avances realizados en Chile en términos de seguridad y regulación, el crecimiento urbano y las complejidades de nuevas edificaciones exigen una revisión constante de los estándares de construcción y diseño. El reciente evento en el metro no solo es una llamada de atención, sino también una oportunidad para reflexionar sobre las decisiones que se toman mucho antes de que se produzca una emergencia. Invertir en infraestructura resiliente, en materiales certificados y en tecnologías de calidad no solo optimiza el rendimiento de los edificios, sino que también potencia la protección de quienes los utilizan. Esta es una lección esencial que todos los involucrados en el proceso constructivo deben considerar para garantizar un entorno más seguro.


