Volatilidad en la cadena de suministro: ¿Cómo afecta a la economía?

La reciente volatilidad en los mercados internacionales ha generado un contexto complicado para la economía global, con la caída del precio del petróleo Brent que ha registrado un -7,28% y se ha establecido por debajo de los US$98 por barril. Esta situación, impulsada por los avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, arrastra consigo una serie de efectos colaterales, entre los cuales se encuentra la fluctuación del dólar en Chile, que se encuentra por debajo de los $895, lo que representa una baja del -1,24%. Adicionalmente, el cobre ha experimentado un alza del +3,52%, señalando movimientos contradictorios que resaltan la complejidad del panorama económico actual.

En medio de un escenario inflacionario significativo, que apunta a un IPC que podría alcanzar hasta un 1,7% en abril, impulsado principalmente por el aumento en los precios de las bencinas, los efectos en la economía real son palpables. Las empresas se enfrentan a un aumento de los costos logísticos y una creciente inestabilidad en sus cadenas de suministro, lo que afecta principalmente a aquellas con alta dependencia de importaciones. La gestión de inventarios se vuelve un desafío crucial, ya que los tiempos de reposición se alargan y los costos de fletes aumentan, generando un efecto progresivo que impacta la operativa y rentabilidad de las organizaciones.

El incremento en los niveles de inventario que están adoptando muchas empresas como estrategia de mitigación de riesgos no está resolviendo la problemática subyacente de quiebre de stock. A medida que las compañías aumentan sus stocks, las quiebras continúan evidenciándose, indicando una desconexión creciente entre la planificación y la demanda real. Los analistas del sector, como Ernesto Vásquez, apuntan que «la gestión no solo se trata de cantidad, sino de cómo se toman las decisiones». Esta realidad se amplía más allá de un sector específico, afectando transversalmente a diversas industrias que dependen del mercado de abastecimiento internacional.

El panorama actual ha dejado obsoleto el enfoque tradicional de planificación intuitiva en las empresas. La inestabilidad de la cadena de suministro desafía las capacidades de los modelos operativos existentes, los cuales han mostrado una creciente incapacidad para ajustarse a condiciones cambiantes. Según Vásquez, los equipos que solían ser capaces de mantener estabilidad se enfrentan ahora a mayores desviaciones operativas, lo cual pone de manifiesto que «la complejidad actual hace inviable tomar decisiones eficientes sin herramientas analíticas» que permitan predecir escenarios inciertos.

Para afrontar el dilema del stock, las empresas comienzan a adoptar un enfoque más sofisticado que considera la gestión de inventarios como si fueran una cartera de inversión. Este nuevo paradigma implica la asignación de capital de trabajo en función del riesgo y el retorno de cada producto, reconociendo la variabilidad en la demanda y el abastecimiento. En un entorno marcado por la volatilidad, la capacidad de anticipar la demanda y adoptar decisiones basadas en datos se convierte en un elemento clave para la competitividad, permitiendo que aquellas compañías que se adapten a estas nuevas exigencias puedan sostener su crecimiento y rentabilidad a largo plazo.

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